Para mí el sonido es algo constante y debería serlo para todos, casi todo hace ruido.
Algunos tienen ritmo y otros son más al lote, y generalmente para mí los sonidos vienen acompañados de sensaciones.
Ayer le compre la pila a un reloj que había dado por perdido, me costó tres lucas y media la gracia, así que decidí usarlo a diario para sacarle provecho, mi relojito regalo de salida de cuarto medio, de ahí yo creo que mi vida dejo de ser así de rítmica, y de ahí que no veía mi relojito, ahora que lo encontré, me doy cuenta que me he dejado llevar por el aritmico ritmo de la vida semi-adulta, porque adulta no es en ninguna de sus formas.
El ruido del metro, acompañado del aire húmedo que te golpea cuando estas a la orilla, el pasar de las micros y su olor a quemado, las risas de los demás pasajeros, el sin sentido de la gente caminando apurada, para que si ya llegaste tarde a todo.
Hace tiempo que deje de llegar a las cosas cuando correspondían.
Estos seudo artistas de las micros que piensan que mientras más azoten las cuerdas con sus manos mejor, cantar no siempre es una gracia.
El auto que desacelera y vuelve a acelerar nunca es sincronizado, es dependiente, dependiente del montón de monos que manejan al lado tuyo.
Los sonidos de la ciudad son lo más hermoso que me ha pasado últimamente, tres cuartos de mi vida pasan en Santiago o en llegar al mismo.
Yo creo que si muero, antes de cualquier canción, voy a escuchar el ruido de la gente, de autos, de estas luces que tintinean, de risas y voces desconocidas.
Y obviamente el sonido de la quemada de un cigarro.
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